lunes, 29 de junio de 2015

1 POEMA DE EVA BOURKE



LA POETA A LOS 90 ESCRIBE UNA CARTA

                                                                                Para Stella Rotemberg *


Mis amigos, aquí en esta mesa
con papel y lápiz
quiero contarles lo que perdí
que era todo
y lo que ha vuelto a mí
que también era todo.

De niña aprendí en los días de verano
que el sol habla una lengua incansable
que el pasto quiere vestirlo
todo bajo el cielo
con estrofas verdes
miel para envolver al mundo entero
con su dulce retórica
y su clara marca de agua para escribir sobre las cosas

Pero más tarde a mi lengua le arrojaron piedras
para alimentarse y tierra muerta
en el exilio habló de jarra cuenco pan
nada más quedó en mi mesa.

A su tempo se curó e hizo amistad con los árboles
a veces fue hasta los confines de la tierra
el viento le mostró el camino.

En la oscuridad y la pena
se puso el vestido de muchachita-

abrió una puerta llamada flor
una puerta llamada estrella
una puerta llamada marea,
las atravesé todas con mi corazón palpitante y vi
a mi madre en un balcón de luz de verano.

Deben creerme
lo único que siempre quise fue pan y rosas
que la sangre de la flor estuviera quieta
para encontrar una palabra clara como un espejo
para enseñarme a mí misma y a ustedes

a tener cuidado con la desesperación.


Eva Bourke (Nacida en Alemania, emigró a Irlanda)


*Nota de E.B.: Este poema está dedicado a Stella Rotemberg, de 93 años, poeta judeo-austríaca, que vive en el exilio en Leeds desde 1938 y sólo escribe en alemán, muy de vez en cuando, penando por su madre, que murió en Auschwitz.


Fuente: "Irlandesas- 14 poetas contemporáneas", selección, traducción y prólogo Leonor Silvestri, Editorial Bajo La Luna, 2011.

sábado, 27 de junio de 2015

6 POEMAS DE JORGE AULICINO








POESÍA ERES TÚ




ninguna mujer tremolará por tus poemas
escribirás en la sal en vidrio en las
espumas químicas de esta tierra desastrada
y ninguna mujer enloquecerá por tus poemas



                                                                               (del libro La caída de los cuerpos)


VICTORIA LAND




Hacen señas inconfundibles:
se pasan la mano por la garganta.
No olvido: no hay sombras ni humo,
hay hielo donde el barco varado
se hamaca con los vientos polares.
No hay sombra: hay claridad sobre el hielo.

Se pasan la mano por la garganta.
Es inútil: no hablo.
No podría hablar de nada, sólo del barco,
del barco imaginario.
De ninguna otra cosa nada más que del barco.


                                                                               (del libro Hombres en un restaurante)



OJOS QUE VI




Los ojos en las manos
no encuentran respuesta.
Los ojos en la pared con hiedra
no encuentran respuesta.
No hay respuesta en la acción
ni en la contemplación
hay respuesta.
La mirada en la hiedra,
la mirada en las manos,
cuentan.




                                                                                     (del libro Ojos)
TEO




¿Hay dios? La pregunta, formulada
mientras cae una pelota de goma
escalón por escalón hacia la calle,
suena, cierta en tu imaginación.
pertinente.
No sabés por qué formulaste la pregunta
cuando en tu cabeza la pelota de goma
rebotaba de escalón en escalón.
Y mientras probás construir la imagen
de una puerta situada al final de la escalera
-un manchón de luz- tenés la certeza
de que la pregunta se extingue
aunque la pelota no deja de rebotar
y no llega nunca a la puerta.




                                                                                          (del libro Magnificat)


5
(Samurai)




Te pido me perdones, porque he ido y venido
de los cables al paredón, como la mosca,
en una epopeya maniática.
La humanidad que parece un vasto programa
me extravió en sus circuitos repetitivos.
Rindo el sable a tus pies.
Su filo ha podido cortar tu chal en el aire.
Me entrego a tu vastedad.
Y no he podido comprender.




                                                                                  (de La ciudad de los estoicos)





8.3




Nadie transmite un gramo de sabiduría. No hay
un solo gramo de sabiduría en ningún lado.
La revelación, si así debe llamarse,
es estas gotas de agua que vierte la manguera,
el pico roto, o cualquier otro objeto
que no diga nada, nada en absoluto:
el peor aburrimiento, el vacío más rico.

Y cada uno sabrá su cielo verdadero,
y cada uno la ansiedad que lo lleva
al mal.
Ahora parten los barcos.
Allá parten los barcos y ahí no estás vos,
ni Dios.


                                                                             (del libro La línea del coyote)


Jorge Aulicino (Buenos Aires, Argentina, 1949)



Fuente: "Estación Finlandia- Poemas reunidos 1974-2011), Jorge Aulicino, Editorial Bajo La Luna, 2012.

miércoles, 24 de junio de 2015

2 POEMAS DE PAULA JIMÉNEZ ESPAÑA









COSTA MARSUPIAL



                                                         ¿por qué no puedo escribir algo que resucite a los muertos?
Patti Smith


Sobre la arena estábamos. Yo pregunté:
¿cómo deja de latir un corazón?
¿cómo es posible? El sonido del mar
convirtió en muecas
vacías mis palabras. ¿Cómo es posible?,
repetí. No dijo nada.
No conocieron alimento, aire
las criaturas perfectas que nunca develó
delante mío. En medio de la noche, silenciosa
las acopió su corazón secreto.
Yo vi al amor, dije después, se iba tapando
como la luna en noches nubladas por la lluvia.




7.
La pareja


Donde el río fluía, ahora hay rocas.
La sequía tremenda de este año, los fósiles, las vacas flacas,
todo brillando bajo un sol acumulado
que amenaza convertirse en fuego.
En el camino una humareda sucia y al borde de la ruta
los pastos amarillos.
Asistimos al fin de un paisaje. A la desesperanza
de las que no tienen del agua
más que el recuerdo de una fascinación.



Paula Jiménez España (Buenos Aires, Argentina, 1969) 


Fuente: "Paisaje alrededor", Paula Jiménez España, Editorial Bajo La Luna, 2014.

martes, 23 de junio de 2015

1 POEMA MÁS DE MARGARET ATWOOD







TORTURA



¿Qué sucede en los silencios
de  esta conversación?
Esa que trata de la libertad
y la política y la falta de pasión.

Sólo esto: pienso en la mujer
que no mataron, sino que le cosieron
la cara; le taparon la boca hasta dejar
un agujero como una paja,
y la devolvieron a la calle,
un signo mudo.

No importa dónde
lo hicieron o por qué, o si
lo hizo un partido u otro;
esas cosas se hacen en cuanto
existen los partidos.

Y no sé si los hombres buenos
con sus flamantes vidas existen
gracias a esta mujer o a pesar
de ella.
           Pero un poder
como ése no es abstracto,
no tiene que ver con la política
ni con la libertad, va más allá de lemas de partidos;
y respecto a la pasión, he aquí
su intrincada negación:
ese cuchillo que te arranca los amantes
de la carne como tumores,
dejándote sin pechos
y sin nombre,
plana, sin sangre, tu propia voz
cauterizada por tanto dolor;

un cuerpo desollado que desatan
cuerda por cuerda y cuelgan
de la pared, un estandarte
desplegado por el mismo motivo
que las banderas.




Margaret Atwood (Otawa, Canadá, 1939)


Fuente: "Historias reales", Margaret Atwood, Traducción María Pilar Somacarrera Íñigo, Editorial Brugera, España, 2010.

lunes, 22 de junio de 2015

Poner la voz: Aleyda Quevedo Rojas





Aleyda Quevedo Rojas, poeta ecuatoriana contemporánea.



lunes, 15 de junio de 2015

3 POEMAS DE DIANA BELLESSI






A Wu Tsao


I


Húmeda y fresca la noche.
Un suave viento del este
trae y disipa blancos de niebla.
Sueño que veo tu rostro
frente a las lámparas.
Me sonríe tras el leve maquillaje,
mientras tu mano reposa en mi mano.
Amiga mía,
millones de años a través de los cuales el Universo
asciende y declina,
y vos allí,
en tu vestido transparente de seda
viendo caer
las flores de ciruelo sobre la hierba.




PRIMAVERA

1


Las calas, aros de Etiopía, abren su corola
blanca. Señalan un sol. La forma más simple
y perfecta.

Un aro de música para esta mañana.
Un viento del oeste
y la decisión de sostener la vida
entre los brazos abiertos.





TOMO Y OBLIGO

No renunciaré, no,
a nombrar esta belleza
cuando esté sostenida con el corazón,
cuando tenga la certeza
de que no es un ornamento
o instrumento para hablar sólo de lo humano
o de mí. El camino
que interseca, cruz de amor
donde se encuentra lo viviente. Por lo que es
y sé, y no sé y no sólo
aquello que le otorgo
Lo singular de mi conciencia no me arroga
privilegios de saber,
dictamen sobre el otro
y disponer como si acaso no existiera
tanto, tanto como yo
con el concierto. Enigma
transparente, retablo del Edén. Francisco
y Juan lo hicieron, tomo y
obligo. Fe al impulso
sostenido que en los versos hace un nido,
decirle no, ah error
consumado de la artista
Estar atenta, ser más fina cuando el rostro
del otro humano en su
belleza y su desdicha
se perfila aquí, en desamparo, es ese
su poder, como lo es
la trémula voz que en verso
teje la bienvenida, entre vos y yo.



Diana Bellessi (Santa Fe, 1946)  


Fuene: "Tener lo que se tiene", Diana Bellessi, Adriana Hidalgo Editora, 2009.

3 POEMAS DE SILVIA ARAZI Y UNA YAPA






VISITAS




Estamos comiendo en la cocina
cuando se nos presenta una gran cucaracha.
Pensamos en matarla con una escoba,
mas no tenemos escoba.
Tratamos de exterminarla a zapatazos:
se nos escapa siempre.
La perseguimos con amenazas y puñales,
la perseguimos con determinación.

Desde lo alto
le enviamos maldiciones, migas de pan,
ortigas, hielo.
Desde lo alto le leemos un sermón sobre el pecado,
un larguísimo poemas del revés.
¡Todo es inútil, todo!

Pensamos que debemos reconocer nuestro
horrible fracaso.
Ella no responde a nuestra persuasión.
No deja de reírse desde sus ojos feos,
desde su cuerpo negro, desde allí.
Entonces comprendemos que lo mejor
es aprender a amarla.

Y no sabemos cómo.








PREGUNTAS



¿Y de quién 
voy a hablar 
si estoy tan sola?





LA INGRÁVIDA



Una mujer perdió su tierra de certezas.
Una mujer
perdió todo relámpago de goce. 
Alguien,
le alcanza una taza blanca.

-¿Una gota de leche?
-No, gracias, no.

Una mujer perdida en un mundo perdido.
Una mujer cansada de morir se acuesta.

Todo se vuelve leve.
La mesa leve, las ventanas leves.
Sus polleras son alas. Leves
los pies, 
en sus zapatos nuevos.



Silvia Arazi (Buenos Aires, Argentina)


Fuente: "La medianera. Una novelita haiku", Silvia Arazi, Interzona, 2013


La yapa: Silvia Arazi canta Gershwin, Porter, Weill.










4 POEMAS DE JORGE BOCCANERA





III


                                             Destde las grietas/ se arrastra/ el verde
                                                     Edward Kamau Brathwaite


No habrá trago más fuerte que el corazón disuelto
de la selva. Hecho polvo lo guardo en los pulmones.
Va dormido, molido y en cenizas.
Hay un ángel expulsado del cielo: es el bosque.
Rueda con sus antorchas de silencio, sus pastizales altos,
sus martillos que trozan las verdes telarañas.
No hay más lugar que sus lugares.
Es un dios que no es de nadie. Y es un dios.




XXXIII


Lo dijo una libélula:
"Toda la selva
es una rosa".





XXXIV



La serpiente terciopelo es de pocas palabras.
Su cuerpo es un zarpazo.
No habla,
pero murmura aquella cantinela:
    "Toda la vida
    se borra y aparece la misma herida".




LXI


Lo dice el pato aguja, mancha azul, alas negras
   pico de parlotear, vuelo calmoso:

"Un amor divide las aguas, las paredes, divide
la cabeza, cuartea la piel, parte la sangre, indica
con su vuelo un antes, un después,
  quiebra la almohada en pluma y piedra".

Lo dice el pato aguja, mancha azul, alas negras
   pico de parlotear, vuelo calmoso.



Jorge Boccanera (Argentina, 1952)


Fuente: "Palma real", VIII Premio Casa de América de Poesía Americana, Colección Visor de poesía, Ediciones Continente, 2009.

domingo, 14 de junio de 2015

OTROS 3 POEMAS DE WISLAWA SZYMBORSKA





SI ACASO



Podría ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad.

¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía
entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través d ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.



(traducción de Abel Murcia)




VIETNAM


Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.



(traducción de Gerardo Beltrán)




NOTICIAS DEL HOSPITAL


Echamos un volado para ver quién iba.
Me tocó a mí. Me levanté de la mesa.
Se acercaba ya la hora de visita.

No respondió a mi saludo.
Quise tomarlo de la mano, la quitó
como un perro hambriento que no suelta su hueso.

Parecía que le diera vergüenza morir.
No sé qué se le dice a alguien como él.
Nuestras miradas se evitaban como un fotomontaje.

No me pidió que me quedara ni que me fuera.
No preguntó por nadie de nuestra mesa.
Ni por Bolek, ni por ti Tolek, ni por ti Lolek.

Empezó a dolerme la cabeza. ¿Quién se le muere a quién?
Elogié la medicina y las tres lilas del vaso.
Le hablé del sol y me fui apagando.

Qué bien que hay escaleras para bajar corriendo.
Qué bien que hay una puerta que se abre.
Qué bien que me esperan en la mesa.

El olor a hospital me provoca náuseas.


(traducción de Gerardo Beltrán)


Wislawa Szymborska (Polonia)


Fuente: "Poesía no completa", Wislawa Szymborska, Editorial Fondo de Cultura Económica de México, 2014.


3 POEMAS DE KERRY HARDIE





EL TERRENO DEL SUFRIMIENTO: FRIDA KAHLO EN IRLANDA


1


Frida Kahlo miró en el espejo,
pintó lo que veía.
Monos y gatos compañeros de brujas.
Huesos alrededor de su cuello.

Amplias hojas se apiñan tras de sí
(velludas, o nervadas, o urgidas como flamas).
Un pájaro muerto -sus alas extendidas-
cuelga de un collar de espinas.

Una vez, más distancia
pinta cuatro loros verdes, ojos de topacio.
No hay hojas. Un cigarrillo.
Cada vez su blusa es blanca.




2



Sobre los postes podridos
las redes rotas de los cajones de frutas
vuelan como olas. Los narcisos
empujan hacia arriba sus hojas pinchudas.

Los compañeros de Kahlo
parecen sus demonios.
En Irlanda hubiera usado un vestido de terciopelo
y pensado acerca de babosas grises y hojas

como lanzas. Arando los campos húmedos con dobladillo harapiento,
los colores perdidos hubieran acallado sus ojos.
Detrás de ella,
colinas de tinta azul, va a llover.



CANCIÓN


Aquí llega Invierno, grita su poder y su gloria,
se burla de la carne, elige huesos para su ramo de bodas.

Huesos, y el viejo sonido de la campana de siervo, Hambre,
deambulan por las colinas. Invierno

que mengua la luz y espesa la oscuridad
y detiene el sonido del agua que corre. Invierno

roto únicamente y una y otra vez
por la mancha oscura, Semilla, hospedada en su corazón.


Kerry Hardie (Irlanda, 1951)

Traducción: Leonor Silvestri


Fuente: "Irlandesas. 14 poetas contemporáneas", Selección, traducción y prólogo: Leonor Silvestri, Edición bilingüe. Editorial Bajo la Luna, 2011









4 POEMAS DE CAROLYN RIQUELME


I


Él tenía sed
Esa era su única posesión
Sed que le brotaba garganta abajo, hasta la orina
Sed, maldita y propia





II


Precipicio de sexo y muerte
y un país ajeno
Posesiones para enumerar en los bordes del amor

Y la soledad, esa rotura
que se le hizo en la infancia

Y la belleza





III



Él era un hombre en el desierto
Ventolera de rabia
Tuvo que elegir
Y escogió la brisa en las manos de una mujer
que está en calma
cuando termina el día




Territorio VII



En este lado sur
del territorio
el desamparo
es una premonición exacta

aprendemos a adivinar la soledad

pero a veces

nada
es tan perfecto
como el subsuelo


cuando se enciende



Carolyn Riquelme (Argentina, 1973)



OTROS 4 POEMAS DE IRENE GRUSS




I


Le hablo a la pared.
Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado.
Lo mío es hablarle siempre a la pared,
antes de que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.



VI


Mira a tu alrededor,
pareciera que dice la pared.
¿No los ves?, cada uno ensimismado
o, por el contrario, el Yo con tal de ser
por fin abierto.



VIII


La gota que horada la piedra:
te amo clau
evita vuelve
boca putos racing
corazón


IX


Te quiero -digo
a la pared.



Irene Gruss (Buenos Aires, Argentina, 1950)


Fuente: "La pared", Irene Gruss, Editorial Nudista, 2012



jueves, 11 de junio de 2015

3 POEMAS Y 4 FOTOGRAFÍAS DE CATALINA BOCCARDO, Y UN VIDEO POESÍA COPRODUCIDO POR CATALINA BOCCARDO Y SILVIA CIRILHO





FIGURA 1


las mujeres tienen sus piernas rotas
o se les cae un ojo y nacen flores diminutas

yo construí esas ideas
mis propios ojos suelen ser trampa
 metal de la tijera

quién desea
                        una clave
en el fondo
quién puede humanamente astillar papel

reconfigurar aristas
matarse el centro

la física


desaparición por el corte



FIGURA  2


la casa entera ya no existe
una soledad de tules negros

selección a voluntad
 deconstrucción
por momentos a la deriva

y ese objetivo casi oscuro  de una mano rompiente

borrar huellas
escindir cualquier atisbo de locura del procedimiento

fragilidad en la permanencia que nos permita creer

 la angustia se retira con un bisturí
y volvemos a un todo



FIGURA  3



hacer personitas lleva un tiempo considerable

cada mujercita  es ella y es universal
les busco la vuelta
al acrílico
el papel
las tintas

aprieto el doblez con pegamento
pruebo
pienso
si las flores si el color rosa
un exceso

desnudos que prefiero cubrir

y las telas cambian de comportamiento
mecen o arrugan las texturas

falta esa experiencia con la máquina de coser
de las feministas

del horneado
y saber cómo cuidar aquello gestado durante meses

las personitas en este caso
nacen de pronto
por obra y gracia

una apertura de la cabeza
una palas atenea

no parece el mismo sufrimiento carnal
otra índole
el esfuerzo  de nuestras manos

tocar nos reconstruye
o permite obrar al grito
o gritar durante la obra



Catalina Boccardo (Buenos Aires, 1961)


LA YAPA:  4 Fotografías de Catalina Boccardo y un video poesía producido por Sylvia Cirihlo y Catalina Boccardo






(Areco in my mind)







(cerros tucumanos)







(l´acqua)







(senderos)







(En blanco y negro)












miércoles, 10 de junio de 2015

OTROS DOS POEMAS DE ARNALDO CALVEYRA




Mandarte noticias con los barriletes, con el hilo invisible de las 
venas.

Oírse la respuesta con el oído sobre la tierra del campo.

He corrido al lugar de donde se volaron esos pájaros, de allí
vuelvo, de ese lugar vacío entre las manos.


.........................................................................................

       No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano
irisado.

      Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el 
canto al canto.

      Los perros lo toreaban a Dios de tan visible.

Arnaldo Calveyra (Entre Ríos, 1939- Francia, 2015.)

Fuente: "Poesía reunida" Arnaldo Calveyra, Adriana Hidalgo Ediciones, 2012




3 POEMAS DE CAROLINA MASSOLA




que no signifique nada
más que pureza irrelevante
la sonrisa en la mirada transparente
que no quiere negar nada
ni decir más que mirada
uniendo lo que se une sin esfuerzo



...............................................


Un campanario estrellado en vos
y formar parte
porque es parte del don
esta virginidad de llorar


..............................................



Retrasar la mansedumbre del pez
la rabia del ojo malherido.

Tu voz:
columna vertebral de cada encanto
cucharada balsámica
acaso desconocida
en lo más hondo

supiste deshojar algo bello.




Carolina Massola (Buenos Aires, 1975)



Fuente: "La mansedumbre del pez", Carolina Massola, Editorial Zindo & Gafuri, 2014.

1 POEMA DE GUSTAVO TISOCCO




La madre
lleva un pañal
blanco y seco en la cabeza.

Nunca la pulcritud
semejó tanto abismo,
tanta tristeza.



Gustavo Tisocco (Mocoretá, Corrientes, 1969)



Fuente: "Terrestre", Gustavo Tisocco, Vela al viento ediciones patagónicas, 2012

martes, 9 de junio de 2015

3 POEMAS DE MIRIAM CAIRO

LAS MAROSAS


Hay mujeres que aman como Marosa.
Diablas de diversos tipos y colores. No es necesario detenerse y preguntarse de dónde salen porque se nos imponen ante los ojos en un entrechocar de nácares, de tacones, de espuma.
Las llamadas 'catalinas' son de ojos azules y pestañas muy largas.
Las 'lorenas', con pechos exuberantes en bandeja; dulces tartas caídas para acabar con el hambre en el mundo.
Las 'juanas' se pintan las uñas de las manos y de los pies. Se embarazan muy fácilmente. Hacen dulce de higo con los hijos hervidos en azúcar.
Estas diablas están a las veras de los tazones de porcelana transparente y de las inminencias. Son de diversos tipos y colores. Las hay con cabello trenzado y con cabellos de niebla.
Las hay azucenas.
Las hay suplicantes.
Las hay perdidas en su propia casa.
Las hay nacidas con tacos altos, rojos, finos, precedidas por una jauría de perros invisibles.
Las hay morenas.
Las hay prohibidas.
Las hay desmelenadas que caen sobre los labios de los hombres como diamelas.
Se ven sus carnadas de diablos en los árboles, en las bocas de tormenta, en los postes de luz, en las cucharas de té, en el revoltijo hechizado de los agapantos. Los cebos de sus malignidades cuelgan del anzuelo del día y de las redes el anochecer.
Las muy diablas caminan por las calles de la ciudad como gladiolos travestidos de personas.
Las muy diablas suspiran.


LAS GIOCONDAS

Hay mujeres que mueven los hilos de la marioneta con el talento de Gioconda Belli. Gatunamente enrolladas en la cama, siguen paso a paso las fórmulas de su mentora. El muñeco se les acurruca en un nido prefabricado de besos, tacatá, tacatá,
y de palabras, tacatá, tacatá,
y lo alimentan con un panal de miel rancia hasta desmentirlo,
tacatá, tacatá,
hasta hacerle vomitar diminutivos espeluznantes,
tacatá, tacatá,
que atontan los sentidos, tacatá, tacatá,
y horadaran el huequito,
tacatá, tacatá,
despacito,
tacatá, tacatá,
hasta el bosquecito de arbustos, tacatá, tacatá,
ese lugarcito apretado,
tacatá, tacatá.
Estas diosas lujuriosas enseñan al muñeco a caer una y otra vez en todos los lugares comunes, tacatá, tacatá, guiadas por su mentora, tacatá, tacatá. Son los corceles del amor, tacatá, indómitas gacelas, tacatá, tacatá, ariscas yeguas, tacatá, tacatá,
la poesía estupefacta,
casi muere, tacatá, tacatá.
El juguete dopado de obediencia, construye el castillo de arena y abre la puertecita por donde la arisca yegua se amansa, tacatá, tacatá, como un ama de casa, tacatá, tacatá, y una vez adentro del palacio cambia los frenesíes del amor por el melodrama, tacatá, tacatá.
Ascendentes, salientes, entrantes en todas las direcciones posibles, las mujeres diminutivas se instalan como un corazón suplementario. Y la asfixiada marioneta tiene por futuro morir ahogada en su propio esperma, tacatá, tacatá.


LAS CHEEVER
Hay mujeres que aman como Cheever, nadando contra corriente, flotantes y encendidas, sin que el orden de sus asuntos les impida incidir en los asuntos del mundo.
Sus cabezas son nubes a la hora de la desnudez cabeza abajo.
Sus pies vienen de un país visitado por un sueño reciente y sus manos corrigen el error que la luna produce.
Un polvillo de azúcar sobre la frente les da una blancura de esmeralda, amatista o misterio.
Son mujeres que aman con un pie en la confusión y otro en las tormentas.
Con un pie en la ternura y otro en el espejismo.
En la absoluta inmovilidad del tiempo y del espacio, siguen hacia delante porque saben que en este siglo no pueden detenerse.
Las mujeres que aman como Cheever les temen a los diminutivos.
Les temen a los anzuelos.
Les teman a los estribillos.
Les temen al subconsciente de Gioconda Belli. Les temen al subconsciente de las marionetas. Al subconsciente de los Reyes Magos. Al subconsciente de Dios. Al subconsciente de las indómitas gacelas.
Con qué esmeril, con qué esmeralda, con qué esmero corren peligro las peligrosas mujeres que temen a los diminutivos.
Las mujeres que aman como Cheever están en alguna parte del aire, debajo, o detrás, o del otro lado de las sombras, en puntas de pie sobre el límite sobrenatural de las cosas, o sobre una pluma de cisne.
Es casi imposible que las mujeres que aman como Cheever no atraigan la mirada de los lectores de Cheever, que las distinguen entre la multitud con destreza desesperada.
Así es.
El fenómeno de las mujeres en sí es inquietante, porque todas coinciden en el mismo mundo, como los animales medio dormidos coinciden en la selva con los animales medio despiertos.


Miriam Cairo (San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, 1962)

1 POEMA DE CESARE PAVESE





THE NIGHT YOU SLEPT


También la noche se te parece,
la noche remota que llora
muda, en el corazón profundo,
y pasan las estrellas cansadas.
Una mejilla roza una mejilla
-es un frío temblor, alguien
se debate y te implora, solo,
extraviado en ti, con tu fiebre.

La noche sufre y anhela el alba,
pobre corazón sobresaltado.
Oh rostro cerrado, oscura angustia,
fiebre que opacas a las estrellas,
hay quien aguarda el alba como tú
escrutando tu rostro en silencio.
Estás tendida bajo la noche
como un mudo horizonte muerto.
Pobre corazón sobresaltado,
un día lejano eras el alba.


Cesare Pavese (Italia, 1908-1950)

Traducción: Antonio Alberti

Fuente: "La poesía italiana en el tiempo Del medioevo a nuestros días", Instituto italiano de cultura, Editorial Atuel, 1999.

1 POEMA DE WISLAWA SZYMBORSKA





EPITAFIO


Aquí yace como la anticuada,
la autora de algunos versos. Descanso eterno
tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que la muerta
con los grupos literarios no se hablaba.
Aunque tampoco en su tumba encontró nada
mejor que una lechuza, jacintos y este treno.
Transeúnte, quita a tu electrónico cerebro la cubierta
y piensa un poco en el destino de Wisława.



Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012)


Traducción: Gerardo Beltrán

Fuente: "Poesía no completa", Wislawa Symborska, Fondo de Cultura Económica, México, 2014. 

3 POEMAS DE INÉS CORTON



En este sueño
La princesa que duerme
ya no eres tú.



....................................



Bajo el cerezo
con su kimono azul
disipa nubes.


..................................


¿Por qué caminas
como si en esta vida
no hubiera puentes?



Inés Corton (Coronel Suarez, Provincia de Buenos Aires, reside en Capital Federal)


Fuente: "Kimono azul", Inés Corton, Ediciones de La Eterna, 2013.

2 POEMAS DE RICARDO DI MARIO




Jardín


Ruiseñores y reinas moras habitan mi soledad de jardín, un encuentro con su poesía podría salvarme de ésta lluvia. Las serranías bajas se dejan ver entre nubarrones, están ahí ocultas, persistentes como el canto de pájaros que ignoran la lluvia, o cantan para que llueva. Hoy voy a verte de varias formas, desnuda en mi desnudez, tibia en el frío de éste enero absurdo y mojado.


Ahora un zorzal con la boca abierta se traga una a una todas las gotas de agua, los dos extremos del pico son una garganta enorme, y mi ventana abierta de par en par, me protege apenas del silencio, y es un burla tonta a su capacidad de cataratas.

Tétricos brazos de pinar, ciudad de aves. Un jilguero canta vaya a saber qué gloria, gorgoteos de palomas callan por fin a loros y cotorras, y hasta un búho confundido se pregunta por la oscuridad que apaga el pleno día.

Voy a sacar mi plumaje a la llovizna para copiar tanto optimismo.



XIX

Aquí la historia es una piedra, 
un parque nacional,
una roca pegada sin argamasa,
asada,
ni metal.
Aquí la historia es un hombre
(un yanacona),
una cabeza negra sagrada,
un hombre trivial,
un dueño de la tierra,
que carga su pena, 
y por el Urubamba se va.



Ricardo Di Mario (Argentina, Reside en Los Hornillos, Córdoba)

Su blog: http://ricardodimariopoesia.blogspot.com.ar/

Fuente: "Guadal y otros fantasmas", Ricardo Di Mario, Editorial Tierra del Sur, 2013.


lunes, 8 de junio de 2015

1 POEMA DE RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN






LLUVIA

                                     a Amparo Mom.


Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos, todo, todo ha desaparecido y estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro 
apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo 
seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al 
caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los 
automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de 
nuestra esperanza, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y 
acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, 
recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.




Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974)


Fuente: "Raúl González Tuñon Poesía Reunida", Editorial Seix Barral, 2011.